¿Qué es lo que te está proponiendo?
Ella hablaba como si Corso no estuviera en el cuarto, y sólo se dirigía a Bernardo.
Me esta invitando a participar en un Club de la Pelea que está detrás de la pizzería del Centro.
¿Nooooo?, ¿Habla en serio?, ¿Qué no sabe de tu afiliación con Amnistía Internacional?, en principio deberías de estar en desacuerdo.
Bernardo con roja mirada observaba a Corso, sin hacer caso de Julieta. Siguió averiguando sobre la propuesta.
Corso no se había oido el comentario de Julieta, continúo.
Pero más que eso Bernardo, quisiera que reflexionaras conmigo acerca de la religión que he empezado a profesar.
Corso, háblame sobre la pizzería y los madrazos.
¿Qué es lo que quiere ahora?, ¿Te quiere evangelizar?
Cállate Julieta déjame escuchar, esto es importante.
Julieta se fue a una esquina, se hizo bolita, la cabeza en las rodillas, comenzó a hacer sonidos guturales que impregnaban de malestar el ambiente.
Corso, ensimismado no oía a Julieta y trataba de expresar su idea.
Mira se llama el Todoismo, y básicamente se trata de que Todo es de todos, y que nada es de nadie.
Bernardo con su roja mirada buscaba la verdad detrás de sus palabras.
¿Cómo esta eso?
Sí, nada es tuyo, nada es mío. Todo es de todos, y esto se aplica a todos y cada uno de los aspectos de la existencia humana.
Bernardo sintió como se le era revelada una de las Verdades Universales.
Corso prosiguió.
Todas tus pertenencias son ilusiones, y la única manera de no desilusionarse es no poseer nada. Cuando estas libre de desilusión vendrá naturalmente la Felicidad. Simple y complicado a la vez.
Bernardo recapitulando: - Nada es mío, eso es. La cosa es no tener nada, para no estar atado a nada.
Bernardo necesitaba tiempo para reflexionar sobre lo que había descubierto. Había olvidado la inicial propuesta de unirse al Club de la Pelea. Sus pesados pies lo llevaban afuera, necesitaba tabaco para dejar que sus células absorbieran el nuevo conocimiento.
Cuando regresó a la habitación, con la Verdad en su cabeza, encontró a Julieta con la boca ocupada, no precisamente conversando mientras Corso mantenía la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.
Los ojos de Bernardo supuraban fuego, no pudo articular palabra y lo que salió de él fue un gruñido, al que Julieta reaccionó dejando de hacer lo que hacía para escapar del animal salvaje que había imaginado.
Corso se cerró la bragueta y se le tiró a los brazos a Bernardo, esperando recibir un abrazo fraternal.
Al final si hubo madrazos.
Lo que después entendió Bernardo fue que Corso le había dado lo que deseaba: 1) Aquella Verdad que lo llevaría a la Felicidad de una forma hipotética, y 2) la certeza que lo llevó al éxtasis, el Club de la Pelea en su propia casa.
Fabiola
Último de Febrero.
Los personajes que aqui se presentan son ficticios, cualquier similitud con la realidad es obra de la casualidad.